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Enseñar y transmitir valores no es algo que todo el mundo haga. Los encargados de esa tarea son primero los padres y luego los profesores, y aun así, muchos no lo hacen. Es triste, pero es la realidad.

Los valores deberían ser tan importantes como el alimentarse. Sin embargo, estamos más preocupados de cuantos likes tenemos en Instagram y de hacernos fotos para subirlas y vean lo guays que somos que en ser mejores personas con nosotros mismos y con los demás.

Siempre que puedo procuro transmitir valores en las diversas situaciones que se me presentan en la vida diaria, sea para mí misma o para el resto. Además, siempre me ha gustado enseñar a otros lo que me han enseñado a mí.

Internet muchas veces nos sobra, empecemos a dar valor a lo que realmente importa.

No es lo mismo leer que transmitir

¿Qué papel juegan las tipografías en nuestro día a día? Bueno, primero tendríamos que definir: ¿qué es la tipografía?

Se conoce como tipografía a la destreza, el oficio y la industria de la elección y el uso de tipos  (las letras diseñadas con unidad de estilo) para desarrollar una labor de impresión. Se trata de una actividad que se encarga de todo lo referente a los símbolos, los números y las letras de un contenido que se imprime en soporte físico o digital.

La elección y la decisión de utilizar una tipografía u otra en cualquier contexto tiene una importancia visual que no os lo podéis ni imaginar. Fijaos en este sencillo ejemplo:

textos con diferentes tipografías

 

 

 

 

 

 

Este es un claro ejemplo de que la tipografía no sólo hace que podamos leer y distinguir las letras o los símbolos, sino que su función principal es: transmitir un mensaje.

Por eso mismo, hay que saber elegir bien y, sobre todo, pensar que es lo que queremos transmitir.

Si no os lo creéis, lo podéis comprobar con algún programa de edición de texto escribiendo nombres de marcas conocidas y probarlas con diferentes tipografías, ya veréis que no os transmiten lo mismo.