Aquí, en casa

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Cuarentena, quédate en casa, no salgas, ponte la mascarilla y los guantes para salir. Estas y entre otras frases más ya están incluidas en nuestro vocabulario rutinario.

Estamos viviendo una situación que si nos la hubieran contado hace un año, nos hubiésemos reído en la cara de quien nos lo está diciendo. O mejor, le hubiésemos dicho que eso solo pasa en las películas. La realidad supera a la ficción.

Dicen que es momento de pensar, reflexionar y de aprovechar el tiempo para no caer en depresión, y estoy de acuerdo. Pero también soy partidaria de que te eches a llorar o que te quedes tirado en el sofá si eso es lo que quieres hacer en ese momento. Esta situación es excesivamente complicada y cada uno lo hará de la mejor manera que pueda y sepa.

Después están las personas que cada día salen a trabajar y están ahí al pie del cañón para atender, o para sanar a todos demás.

En medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible. Albert Camus

Este bocata no es igual que el de la foto

Podríamos decir bocata, empanada, coca y un sin fin de cosas más. La cuestión es: ¿cuánto nos engaña la publicidad?

Seguro que en alguna ocasión de vuestra vida habéis ido a algún bar, restaurante o cafetería en la que habéis pedido algo porque en la foto tenía una pinta riquísima. Sin embargo, cuando os lo han servido veis que aquéllo que habíais pedido no tenía nada que ver con la foto que habíais visto antes.

Todo este fenómeno se debe a que las empresas no solo utilizan lo que es el retoque digital, sino también productos que hacen que aquello que se ha de vender tenga “mejor pinta” y diga “cómprame”.

No nos tenemos que olvidar que el objetivo de la publicidad es el de vender el producto/servicio sea de la manera que sea. Por eso mismo, hay veces que nos sentimos engañados y estafados con lo que nos venden porque no se corresponde al anuncio.

¿Qué podemos hacer ante esto? Hay veces que podemos protestar y reclamar, y hay veces que no podemos hacer nada. Por eso mismo, hay que ir con mil ojos y fijarse bien lo que se compra y sobre todo, dónde se firma.

pastelito

Yo no lo veo igual que tú

Un día fui con un amigo a tomar un café, mientras charlábamos en un momento dado le dije: no te muevas que te voy a dibujar. Él me dijo: Ohhh, ¡vale! Jajaja. Mientras le dibujaba me dijo: ¿Sabes? Es muy curioso esto de dibujar a alguien, porque tú me vas a dibujar como ves ahora, pero como me ves tú no es como me veo yo ni como me vería otra persona si me estuviese dibujando en estos momentos.

Esta reflexión que él hizo en tantos años que llevo dibujando es una cosa que no me había planteado. Cuando dibujas, siempre procuras e intentas que lo que estás haciendo sea lo más parecido y lo más exacto posible, y no te paras a pensar si lo que ves tú es lo mismo que está viendo la otra persona ¿por qué? Porque das por hecho que ve y percibe lo mismo que tú.

A raíz de este pensamiento se puede llegar a entender por qué hay veces que con tus amigos o con alguna persona más cercana no llegáis a la misma concusión cuando estáis viendo un dibujo, una fotografía, un edificio, etc. Porque o no hay acuerdo con los colores o con las formas que se ven.

Sin embargo, también hay veces que coinciden tus percepciones con la de los demás, con lo cual es mucho más fácil llegar siempre a un acuerdo. Y si se trata de cuestiones de trabajo de diseño, ¡mucho mejor!

A mí me gusta coincidir con gustos y con las percepciones de los demás, pero me gusta mucho más cuando no coincides con alguien y te da su propio punto de vista, cosa que hace que te ayude a verlo y a enfocar de otra manera la cuestión que se plantea.

Y para acabar, recuerda, que nuestra percepción nos define.

la escalera imposible