Septiembre

Es el mes de los cambios y el de los inicios, como por ejemplo: el inicio de curso, los nuevos planes de futuro o el cambio de estación entre otras cosas.

Septiembre se parece al mes de enero, ya que es el mes de los nuevos propósitos y el de los cambios. Se inicia un curso nuevo, un ciclo nuevo.

Sin embargo, esto que explico se enfoca mayoritariamente a los estudiantes o la gente que se dedica a hacer planes este mes.

Cada vez que llega septiembre me acuerdo de cuando era estudiante. Los nervios de empezar el curso nuevo, mirar la lista de libros o material que necesitas, quién será tu nuevo profe, con qué compañeros coincidirás o con los que no, etc.

Por eso mismo, no hay que desaprovechar las oportunidades.

Y recuerda:

  1. Los trenes pasan una vez, tú decides.
  2. Tengas la edad que tengas no dejes de formarte. Hay cosas que sobran, pero nunca el conocimiento.
  3. Déjate llevar

 

 

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Yo soy la cuatro ojos

Ése de ahí es el matemático, esa chica: la empollona de la clase, la que está a su lado: la que mejor dibuja, y el del fondo: el callado, porque no habla con casi nadie.

Todos estos comentarios son los típicos que se suelen escuchar y decir en cualquier clase. Ahora bien, ¿hasta qué punto nos gusta que nos etiqueten los demás? Eso dependerá de qué mote te pongan y cómo te lo tomes tú.

Sin embargo, no hace falta que pongamos el ejemplo de una clase, porque en el día a día todos, sin excepción, etiquetamos a los demás. Algunos con mala intención y otros no, pero lo hacemos.

Las palabras y las acciones que hagas harán que la gente diga unas cosas u otras de ti, es decir, que te etiqueten. Muchas veces los comentarios o las etiquetas que nos ponen los demás no nos sientan bien y nos dejamos llevar por ello. Por eso mismo, lo primero que hay que tener en cuenta es analizar quién nos lo dice, (si es un amigo o no) y una vez lo sepas decidir si has de actuar.

Cuando los comentarios o las etiquetas de los demás nos molestan, yo creo que hay veces que es porque no nos queremos lo suficiente a nosotros mismos, y eso hace que nos avergoncemos, no creamos en nuestras capacidades y perdamos un poco el rumbo.

Por eso mismo, hemos de aceptar lo que somos y querernos mucho, porque ahí está la clave para seguir.

A mí me ha costado mucho aceptar que siempre seré una cuatro ojos, pero es lo que hay y adelante.

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