1 like, 2 likes

Enseñar y transmitir valores no es algo que todo el mundo haga. Los encargados de esa tarea son primero los padres y luego los profesores, y aun así, muchos no lo hacen. Es triste, pero es la realidad.

Los valores deberían ser tan importantes como el alimentarse. Sin embargo, estamos más preocupados de cuantos likes tenemos en Instagram y de hacernos fotos para subirlas y vean lo guays que somos que en ser mejores personas con nosotros mismos y con los demás.

Siempre que puedo procuro transmitir valores en las diversas situaciones que se me presentan en la vida diaria, sea para mí misma o para el resto. Además, siempre me ha gustado enseñar a otros lo que me han enseñado a mí.

Internet muchas veces nos sobra, empecemos a dar valor a lo que realmente importa.

El efecto viral, el efecto que nos pone al día

El efecto viral se produce cuando algo se propaga por Internet gracias al interés que suscita entre las personas. Ese algo puede tener forma de vídeo, fotografía o texto. Los internautas lo difunden compartiéndolo, reenviándolo o recomendándolo a sus amigos y conocidos.

Este concepto lleva el adjetivo “viral” en alusión a la capacidad de expansión y contagio que poseen los virus. En este caso, los mensajes se transmiten por la red siguiendo el principio de lo que tradicionalmente conocemos como el “boca a boca”.

La viralidad es un recurso muy atractivo para el marketing digital u online. El motivo es que permite llegar a más gente de una forma prácticamente gratuita, por lo que, si se sabe aprovechar, supone una ventaja para las empresas y sus marcas. Se puede decir que es una alternativa barata para hacer publicidad.

Es curioso ver como nos gusta estar informados de todo en todo momento, y cuanto más morbosa sea la información, mucho mejor.

Antes para enterarte de algo o lo veías en la televisión o te lo contaba tu vecino. Ahora gracias a la revolución tecnológica con solamente un “click”, podemos enterarnos desde lo que pasa en el piso de abajo hasta lo que está pasando en el otro extremo del mundo.

Todo esto está muy bien, pero hay que ir con cuidado con la información que se recibe online. Hay que saber de donde viene y con qué fin es utilizada, ya no solamente por el tema de virus, sino también porque es muy fácil manipularla.

Estar informado es bueno, dejarte manipular no lo es.

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Prefiero hacerlo por Internet

Antes para hacer cualquier cosa, como por ejemplo, ir entregar un papel a una administración, ir a comprar o pedir información en algún sitio habías de salir de casa para poder hacerlo. Pero, desde que existe Internet y a medida que ha ido pasando el tiempo, con los años, todas esas gestiones (o la gran mayoría) se pueden hacer a través de éste sin tener la necesidad de salir de casa.

Desde el punto de vista tecnológico ha sido un gran avance, y lo que es mejor, que todo esto va a más, pero… yo me pregunto ¿cómo nos está influyendo todo esto? Pues la respuesta es muy fácil: nos hemos acomodado y amoldado a esta situación ¿por qué? Porque siempre es más cómodo hacerlo desde casa que no salir y hacerlo.

También es verdad, que hay empresas y muchas administraciones públicas que tienen como norma que según que gestiones ya las haga uno mismo por Internet para que sea más fácil, no haya colas, etc. Pero el problema no radica ahí, sino en que nuestra postura se ha convertido en: “si no lo puedo hacer por Internet paso”.

Internet te puede resolver muchos problemas, pero no todos.

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No es lo mismo leer que transmitir

¿Qué papel juegan las tipografías en nuestro día a día? Bueno, primero tendríamos que definir: ¿qué es la tipografía?

Se conoce como tipografía a la destreza, el oficio y la industria de la elección y el uso de tipos  (las letras diseñadas con unidad de estilo) para desarrollar una labor de impresión. Se trata de una actividad que se encarga de todo lo referente a los símbolos, los números y las letras de un contenido que se imprime en soporte físico o digital.

La elección y la decisión de utilizar una tipografía u otra en cualquier contexto tiene una importancia visual que no os lo podéis ni imaginar. Fijaos en este sencillo ejemplo:

textos con diferentes tipografías

 

 

 

 

 

 

Este es un claro ejemplo de que la tipografía no sólo hace que podamos leer y distinguir las letras o los símbolos, sino que su función principal es: transmitir un mensaje.

Por eso mismo, hay que saber elegir bien y, sobre todo, pensar que es lo que queremos transmitir.

Si no os lo creéis, lo podéis comprobar con algún programa de edición de texto escribiendo nombres de marcas conocidas y probarlas con diferentes tipografías, ya veréis que no os transmiten lo mismo.